Juan Fernández Elorriaga

Un sabio en el infierno balcánico

Juan Fernández Elorriaga (Bilbao, 1943) parecía el tipo menos indicado para seguir durante años la guerra de los Balcanes. Hombre sabio, y por lo tanto propenso a la paz, todos nos preguntábamos en Efe cómo era capaz de resistir en el infierno balcánico, donde se convirtió en los momentos peores del conflicto en una de las voces de referencia del periodismo español. Juan, ¿cómo eres capaz de aguantar en ese mundo de barbarie? Juan se encogía de hombros y sonreía, como si la guerra fuera un acontecimiento normal que le había tocado cubrir y que le comprometía a hacerlo de la mejor manera posible. Nosotros sabíamos que su profesionalidad y su temperamento poco inclinado a la desmotivación le ayudaban a soportar los peores momentos. Y lo hizo de maravilla, ayudado por un estupendo y muy profesional equipo de Efe. Pocos periodistas conocían como él los orígenes y las razones del conflicto, el odio étnico que, desatado el nudo creado por Tito, se extendió como un reguero de pólvora por toda la región y, de paso, reventó el ambiente político idílico que Europa creía asegurado tras la caída del muro de Berlín. Allí estaba Juan para contarlo y para advertirnos de que el riesgo de conflicto en los Balcanes era constante. “Si la comunidad internacional no lo impide, en los Balcanes existe la suficiente falta de sentido común para que se reproduzcan tragedias que creíamos pasadas”, alertó el 30 de junio de 1998 después de ser galardonado con el Cirilo Rodríguez. Y la guerra estalló ese año en otro escenario balcánico, Kosovo, un conflicto que duró hasta junio de 1999, cuando el ejército serbio aceptó retirarse de la región de mayoría albana después de los bombardeos de la OTAN.
     En centenares de crónicas desde Belgrado, Sarajevo, Mostar, Brcko, Hadzic, Vukovar, Zvornik, Elorriaga nos contó los horrores de casi una década de guerras balcánicas, las situaciones de hambre y de miseria, la locura del poder, las violaciones de los derechos humanos, la depuración étnica, los asesinatos en masa. Pero también historias de esperanza, como la de los soldados españoles reconstruyendo el puente de Mostar, la huída de los sefarditas de la asediada Sarajevo o la constatación de que los jóvenes de las etnias musulmana y serbobosnia seguían casándose a escondidas entre las bombas y el odio de los fanáticos de la limpieza étnica.
     Quien le conoce le define como más serbio que los propios serbios —habla la lengua de este país como un nativo—, pero siempre con un ojo crítico y objetivo sobre la situación del país, cuya convulsa historia conocía al dedillo, como ilustraron sus crónicas y artículos. Aquellos que en 1998 le hicieron merecedor del Cirilo Rodríguez.
     Licenciado en Sociología por la Universidad de Belgrado, Elorriaga creó y dirigió la delegación de Efe en los Balcanes y luego, forzado a la retirada por uno de esos ERES que tanto daño han hecho y siguen haciendo a nuestra profesión, se hizo cargo de la sede del Instituto Cervantes de Belgrado, inaugurada en diciembre de 2004 por los príncipes de Asturias.
     Como periodista que fue y sigue siendo, Juan cubrió acontecimientos como la caída de Ceacescu en Rumanía, la guerra de Bosnia, los primeros pasos de Croacia hacia la independencia y la guerra en este país, el conflicto de Kosovo, y fue uno de los primeros periodistas en desplazarse a Albania a principios de la revuelta de 1997. Hasta su ingreso en Efe, en 1987, trabajó para otros medios españoles como los periódicos Diario 16 y El País, la revista Cambio 16 y la emisora Radio Nacional.

Nemesio Rodríguez López

 
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